14 de marzo de 2013

Habemus papam!



Nací durante el Pontificado de Pablo IV y tenía 6 años cuando escogieron a Juan Pablo I. Gracias a la buena memoria que he tenido desde pequeña, recuerdo a mis padres comentado su inesperada y repentina muerte, y luego la fumata blanca y el saludo de Juan Pablo II.


Como os comenté en otra entrada anterior, la muerte de Juan Pablo II y la posterior elección de Benedicto XVI las viví embarazadísima de Miguel, y todo ello fue un cúmulo emocional impresionante. También lo ha sido su despedida…


No recuerdo desde cuando no corría tanto como ayer para poder llegar a casa, junto con los niños, después de enterarnos de la fumata blanca. Sólo queríamos poder ver en directo el anuncio del nombre del nuevo Papa. Para Marta es el segundo cónclave y para Miguel el primero. Estaban los dos nerviosos y emocionados. Doy gracias por poder haber vivido este momento con ellos.


Mientras esperábamos, pensaba viendo a tanta gente en la Plaza de San Pedro e imaginando a toda la que estaba atenta a los diferentes medios de comunicación, que todos ya lo queríamos. Sin saber quién era ni de donde era… Habemus papam, y en esa alegría también se podía ver la catolicidad, la universalidad de la Iglesia.


Por fin, el anuncio: “Annuntio vobis gaudium magnum. Habemus Papam. Eminentissimum ac Reverendissimum Dominum, Dominum Georgium Marium Sanctae Romanae Ecclesiae Cardinalem Bergoglio. Qui nomen sibi imposuit Franciscum». ¡PAPA FRANCISCO!

Cuando salió al balcón y se quedó parado, sin decir ni hacer nada, sólo escuchando a la gente, Marta me decía: “Parece muy serio, ¿verdad mamá? No, Marta no. Serio no, abrumado” 


Abrumado porque es muy humilde, pues ya en el anterior cónclave pidió con lágrimas en los ojos a sus compañeros cardenales que no le votaran. Y abrumado por la gran responsabilidad que acabada de caer sobre sus hombros. Admirable sencillez, austeridad y cercanía.


Después de tantas quinielas y listas de papables, se cumple el dicho que dice: “Quién entra Papa, sale Cardenal”. Y así ha sido. Parece que nos olvidamos que el que asiste a la Iglesia es Ntro. Señor Jesucristo y ha sido elegido el que Él ha querido.


Por eso, desde ya, como siempre, pido a Ntro. Señor por él y por la Iglesia:


“Oh Jesús, Rey y Señor de la Iglesia: renuevo en tu presencia mi adhesión incondicional a tu Vicario en la tierra, el Papa. En él tú has querido mostrarnos el camino seguro y cierto que debemos seguir en medio de la desorientación, la inquietud y el desasosiego. Creo firmemente que por medio de él tú nos gobiernas, enseñas y santificas, y bajo su cayado formamos la verdadera Iglesia: una, santa, católica y apostólica. Concédeme la gracia de amar, vivir y propagar como hijo fiel sus enseñanzas. Cuida su vida, ilumina su inteligencia, fortalece su espíritu, defiéndelo de las calumnias y de la maldad. Aplaca los vientos erosivos de la infidelidad y la desobediencia, y concédenos que, en torno a él, tu Iglesia se conserve unida, firme en el creer y en el obrar, y sea así el instrumento de tu redención. Así sea.”

¡Viva el Papa!